Vibe coding: lancé un producto en un fin de semana
Sin escribir una sola línea de código. Sin equipo. Sin presupuesto.
Llevaba meses con ValuePerFan en la cabeza. La idea era clara: coger el algoritmo de valoración económica que tenemos en Horizm y hacerlo público, que cualquier creador pudiera ver cuánto vale su cuenta en redes sociales. Un producto con sentido, con datos reales, con un modelo de negocio detrás. Pero no podía abordarlo. En Horizm el equipo estaba a tope con otras prioridades, y montar esto requería diseñador, programador, semanas de trabajo. Así que ahí seguía, en el cajón de las buenas ideas que nunca se ejecutan.
Un fin de semana decidí sacarlo del cajón. Solo que esta vez no iba a buscar equipo, ni presupuesto, ni planificación a tres meses. Iba a hacer vibe coding: construirlo yo solo, hablando con una IA, sin escribir una sola línea de código. O al menos, ese era mi plan.
Vibe coding: construir un producto sin escribir código
Lo que hice suena a broma pero no lo es: le expliqué a Claude Code lo que tenía en la cabeza y la IA escribió todo el código por mí. Yo no programé nada. Llevaba años sin hacerlo.
Pero no empecé directamente por el código. Primero le conté la idea, los datos de los que disponíamos, lo que quería conseguir. Y a partir de ahí fuimos construyendo juntos la estrategia de producto, el modelo de negocio, el análisis de mercado, la definición del UX completo. Todo lo que normalmente lleva semanas de trabajo con un equipo, lo hicimos en unas horas a base de conversación.
Cuando tuvimos todo definido, pasamos a la construcción. Y aquí es donde la cosa se pone interesante. En mi vida profesional he seguido un proceso parecido cientos de veces: yo defino, el diseñador diseña, el programador programa. Ciclos de ida y vuelta que se alargan durante semanas. Y al final, nunca tienes exactamente lo que querías, porque siempre hay una fase interminable de ajustes.
Con Claude Code, cada cambio que detectaba lo decía y se aplicaba en segundos. Literalmente. No exagero si digo que fue como comprimir el trabajo de un mes en menos de un día. La IA me fue guiando paso a paso en todo lo que no sabía: comprar el dominio, configurar el alojamiento, el control de versiones, la funcionalidad y tecnología para envío de emails por el producto, subir a producción. Cosas que yo no hacía directamente desde hacía muchos años.
Y la sensación fue extraña. No sentí la soledad de trabajar solo. Era como tener a alguien que me escuchaba, me sugería ajustes y entre los dos íbamos construyendo lo que yo tenía en la cabeza. Una mezcla entre emoción y algo de miedo por estar sintiendo que trabajaba con un equipo cuando realmente lo hacía con una máquina.
Tres idiomas en dos minutos
Hubo un momento concreto que me voló la cabeza. Cuando le pedí que tradujera todo el producto a tres idiomas: inglés, español y portugués brasileño. Lo hizo en dos minutos. Con una calidad óptima.
Hace veinte años, en mi primera empresa de diseño web, traducir una página era un proceso caro y lento. Empresas de traducción que cobraban por palabra, falta de contexto que hacía que los resultados fueran mediocres incluso con inversiones importantes. Ese fin de semana, dos minutos. No pude evitar pensar en cuántas industrias están a punto de vivir un cambio brutal.
La barrera para crear productos ha desaparecido
Cuando escribí la URL en el navegador por primera vez y vi el resultado, no tengo palabras exactas para lo que sentí. Una web mucho mejor de lo que me hubiera imaginado en ningún contexto. Emoción, asombro e incredulidad, todo junto.
Pero más allá de lo que sentí, lo que me hizo realmente reflexionar fue la implicación de todo esto. Se habla mucho de que la IA va a destruir empleos. Mi percepción es diferente: cualquier persona con ideas y una capacidad mínima para explicar lo que quiere crear, a día de hoy tiene herramientas realmente disruptivas a su disposición.
Como emprendedor, he conocido a muchos otros emprendedores o emprendedores en potencia. La queja más repetida siempre ha sido la misma: tengo una idea pero no tengo el dinero ni los recursos para saber si funciona. El miedo a invertir los pocos ahorros en validar algo que igual no tiene la más mínima opción. Y esas ideas acababan en un cajón. Y esas personas, frustradas. Tengo que reconocer que yo mismo he sido alguna de esas personas muchas veces en mi vida.
Esa barrera ha desaparecido. Ya no es una excusa. Cualquier persona con una idea, buena o mala, tiene las herramientas para validarla en el mercado. Para mí esto supone un cambio dramático en mi manera de trabajar y en las posibilidades que se me abren. Tengo tantas ideas que me gustaría probar que estoy hasta un poquito nervioso.
Y no, no hace falta ser técnico. Ayuda, pero no es necesario. Lo que hace falta es ponerse.
Gracias por leerme.
Si hay algo que te apetezca compartir…
Si te ha resultado útil, el mejor regalo que puedes hacerme es compartirlo.
Y si no quieres perderte lo que viene, suscríbete.



Creo que todos los días le cuento "tu historia con MTV" a alguien, hoy dos veces 😅
Con ganas de seguir aprendiendo juntos ☺️