Una guía llamada estrategia
La estrategia debería ser un boceto que guíe, no un documento perfecto
Después de 27 años construyendo productos digitales —primero como desarrollador, luego como Product Owner, Product Manager y Head of Product— he llegado a una conclusión que, aunque parezca evidente (y quizás lo sea), me costó mucho tiempo entender: construir un producto con estrategia no es fácil.
A lo largo de los años, he leído decenas de libros, artículos y frameworks sobre estrategia. Todos aportan valor, sin duda, pero en la práctica, siempre me topé con el mismo problema: convertir esa estrategia en algo real y aplicable, y mantenerla viva en el día a día de una startup.
En estos entornos, donde todo se mueve a una velocidad de vértigo, los equipos —y especialmente los founders— tendemos a confiar más en el conocimiento que tenemos del sector, la comprensión del cliente y la intuición que en seguir un documento estratégico. He comprendido que la estrategia sí es necesaria, pero no como una guía inamovible, sino como un marco que nos proporciona dirección y foco, especialmente cuando el proyecto escala, llegan inversores y las decisiones se multiplican y se hacen cada vez más complejas.
También aprendí que perseguir una estrategia “perfecta” es absurdo. En el pasado, he estado meses documentando, midiendo, estableciendo objetivos, definiendo KPIs, investigando y construyendo frameworks… solo para descubrir que era extremadamente difícil seguir, mantener y aplicar esa estrategia en el mundo real, o al menos en mi realidad (que suele ser también la de muchos colegas de profesión). En una startup, el día a día cambia constantemente, y muchas decisiones acaban tomándose por pura supervivencia.
Hoy entiendo la estrategia de otra manera. Me gusta verla como un boceto: un dibujo tosco, imperfecto, flexible y vivo. Al pintar un cuadro, la perfección no es el objetivo desde la primera línea. Empezamos con trazos que dan forma y dirección. Algunas líneas se van corrigiendo, otras se refuerzan, y a medida que avanza el dibujo, se añaden sombras, matices y colores. Al final, acabamos dando un paso atrás y al mirar el conjunto, todo cobra sentido y se convierte en algo hermoso.
La estrategia de producto en una startup debería ser así: no debería ser un documento rígido, sino un conjunto de trazos claros y esenciales que proporcionan contexto y dirección, permitiéndonos avanzar, aprender y ajustar en el camino. La estrategia no debe ser un freno a la acción, sino una guía flexible que evoluciona junto al producto, el mercado y el equipo.
He decidido estructurar todo este conocimiento en un playbook que pueda aplicar de manera práctica en proyectos futuros, sin divagaciones ni esfuerzos innecesarios: una estrategia adecuada a la realidad de una startup, el tipo de guía que me hubiera gustado tener en mis primeros años como emprendedor.
He llamado a este Playbook: The Product Sketch, que se estructura en cuatro pasos principales que responden a las preguntas fundamentales que todo equipo de producto debería hacerse:
Paso 1 - Define tus decisiones estratégicas: ¿Dónde vamos a competir? ¿Cómo pensamos ganar? ¿Cuál es nuestra ambición ganadora?
Paso 2 - Define tu sistema de capacidades: ¿Qué músculos necesitaremos desarrollar para ganar? ¿Cómo van a funcionar juntos?
Paso 3 - Dibuja tu roadmap estratégico: ¿Cómo dividiremos nuestra estrategia en ciclos manejables que nos permitan enfocarnos a la vez que mantenemos dirección?
Paso 4 - Pon tu estrategia en marcha: ¿Cómo pasamos de la teoría a la práctica? ¿Cómo hacemos que nuestra estrategia sea visible, medible y se convierta en un ser vivo en nuestro día a día?
En próximos artículos profundizaré en cada uno de estos pasos, para que poco a poco podamos entender la mejor manera de obtener el mayor rendimiento, siempre de la forma más práctica posible.
Este es el comienzo. La estrategia no se define en un día, se dibuja línea a línea, ajustando sobre la marcha.

